La malvada madrastra del cuento vio como después de comprobar que el zapatito de cristal ajustaba perfectamente, el príncipe azul obligaba a Cenicienta a chuparle la polla a punta de puñal. Indignadísima corrió a por sus hijas, rodilleras y elixir bucal. No podía permitir que esa zorra volviera a salirse con la suya.