Un caballo élfico solo estaba al alcance de latifundistas privilegiados. Eran unos animales magníficos; nacidos para retar al mismísimo viento de las estepas, con aquel montón de músculos en ebullición bajo una piel de seda, tirante como un la tripa de un tambor. Rápidos, aerodinámicos, deportivos; carísimos de mantener. Si no pastaban varias hectáreas de hierva de calidad y bebían toda el agua clara que les viniera en gana tres veces al día, comenzaban los problemas. El equino se sentaba sobre sus nalgas fibrosas y no se levantaba ni pa Diohs; a menos que lo hincharas a azucarillos. Incluso así perdía potencia en las cuestas y galopaba pendiente abajo sin despeinarse las crines siquiera.
- Ligar Se Liga Un Huevo –aseguró el de la concesionaria, viendo perdida la venta-. Créame.
El ladrón de nivel ocho se tomó un minuto para meditarlo.
-¿Lo tienen en rojo? —preguntó.