Consciente que el futuro de la humanidad estaba en su mano, el Mago Blanco conjuró los restos de su poder antes de jugar la última carta.
-Oink -dijo. El as de copas.
En su infinita maldad el Mago Oscuro aulló de risa, mostrando la podredumbre de sus encías, el pus de la campanilla. Los gorgojos de la garganta.
-¡Croack! - otro siete de bastos.
-Suputamadre.