He bajado al garaje para desempolvar la caja en que embutí los dados, las figuritas de plomo, los narizones fanhunteros que me curré en masilla y las hojas de personaje pasto ahora de jejenes y bichardas. Me preguntaba cómo reengancharme a todo aquello después de tantas telarañas. He tirado un puñado de dados azar, he dispuesto las figurillas y los narizones como en aquel belén apócrifo que montamos un año y hojeado quienes fui esperando que me embargara no sé, la nostalgia. Algo ha habido, sí. Una —tímida, evidente, culpable— erección.
He vuelto.
Dk.